Embarcando Llantos - Poesía (1982)
Deshabitada la sangre mía
Desperté antiguos silencios
I
Tu nobleza te ha dado la vida
tu equivocación: el sentido;
tu nada: el camino,
tu dolor: el encuentro,
tu niño: el hombre.
II
No te consumas en los fuegos
del invierno, tus verdes reclaman
la savia de tu tierra,
tus raíces gritan campanarios de orillas,
todavía no lo has dado todo:
faltas tú.
Entre oscuras ramas,
hierros candentes,
entre relojes,
un cuerpo sin dueño
grita.
Detrás de la máscara
el llanto rompe en ausencia.
Entre llamas
una abierta orilla,
en la ternura de tus ojos.
Imposible; entre los musgos llega
una oscuridad sin distancia;
dorados gajos de lluvia
besan tu alma.
Hijas del sudor,
caminantes sin fuego
como pálidos tesoros
naufragan en playas sin ojos.
Azules venas viajan
hacia lo que nunca fué;
como una niña asombrada,
la noche sueña cristales
de lo que vendrá.
Creciendo desiertos
crucé los últimos rojos
de tu transparencia;
arrodillados escalofríos
ahogaban mi infancia:
orando a Dios, la hierba
atisbaba misteriosos olvidos,
en el rapto fiel de tu mirada.
I
Ah! tu voz
florecida marcha
guitarra, espiga,
espuma de montaña.
II
Extraño tu miel
rizada ternura
de pájaros horizonte
donde mis manos parten.
III
Azul mensajero
no te detengas
en la lluvia misteriosa
de mi ser…