Hueso de Oriente

El Sudor Del Espejo - Poesía (1999)

El Sudor del Espejo

Hueso de Oriente

Las raíces levantan el cemento
como las voces de los muertos:
el perfume fresco del tronco
recién cortado se respira nuevo.
Acontezco como Psique
bebiendo nenúfares en los ríos ocultos
y en mágica alquimia
mis huesos duelen
porque salen
de los días de mis manos;
entonces,
llega una pulsera de plata
para sentir a Prometeo encadenado:

el fuego fatuo de las almas.
La noche llora, el polvo del mar,

donde palmeras de siete pájaros
llevan a Siva a recorrer

los soles de las semillas;
cuando los ángeles retienen

el cerebro abierto de la luz:
el rayo destila tiempos inmemoriales
y en la piel de mi pueblo;
yo he visto a Roma
en el espejo
del aire,
con dos pupilas humanas,
mientras
una serpiente trepada
en mi cintura
volaba a Damasco
para reclamar
al árbol
el fuego
de la piedra;
Pandora es el signo,
porque recoge los frutos
en la oscuridad poseída del secreto.
Los soles púrpuras
abren arcones
en la tarde de los pescadores
donde
el misterio y el cráneo de Dios
comulgan
líquidos tormentos,
éstos asombran
al alma humana:

¡Oh! tirar la boca muda
entre los cálices
cósmica visión del universo:

Tu larga inocencia llega
desde
el cuerpo de los sentidos
en un instante
al espacio
azul del espíritu.

Solo el grito de la rosa al mediodía
abre el corazón de la noche.

Como una lámpara:
desgarra sus alas,
para desatar sus ojos
en los astros vegetales
el perfecto color de las tinieblas.