He Llorado Sobre La Luz - Poesía (1988)
Es la hora del crepúsculo
Es la hora del crepúsculo
donde mis ojos
como ciervos alargados en la luz,
buscan tus alas en la noche quebrada;
el viento escucha el sonido de tu silencio,
junto a troncos ardidos: lenguas azules
llevan el instante de lo siempre esperado
a lo recién hallado.
Mi tristeza rompe amarillos desiertos;
altar de fuego donde se consuma
la sangre suelta de mis huesos
y tú más alto que el fuego,
más fuerte que la sangre
cuelgas tu dolor
porque soy enigma que ha visto
la visión del más solitario.
Mientras,
recorro vinos añejos en una mirada:
la ausencia parte la roca milenaria
por donde el corazón escapa.
Mis grutas despiertan lágrimas esclavas
y largos silencios golpean llagas
sobre cenizas descalzas;
allí;
el cristal rompe su anillo de sal
y mi voz levantando estatuas,
ahoga la razón: ama lo imposible
desde donde lo imposible es amado.