Rosa cristalina donde mis pechos crecen. Alelíes, purísima miel salvaje, socaba mi latir en su fragor. Ser agua, transparente papiro, donde el viento cuelga su ala de golondrina, solitaria playa donde el sol despierta algas escondidas. Siglos de crepúsculos sin ruidos, incendio de palmeras, desiertos ausentes, cerrados capullos de estelas vírgenes. Manos temblorosas, largas de tiempo. ¡Eterna sed de dar!