He caminado hasta romper la vejez de la letra y en los oídos de Eva los pájaros han soñado. He jugado hasta desatar los nudos de mi sangre y vaciar las fauces de la muerte; en mi rostro desnudo no han quedado cosas vegetadas, ni mi cuerpo da vida a su lámina histórica. He sido mi límite, he jurado con el beso del mundo bajo una tierra de estrellas. Hoy soy mi templo: tú eres el fuego.